¿Cuántas veces postergamos un viaje por culpa de la rutina, el trabajo o las obligaciones diarias? San Carlos de Bariloche siempre es una buena idea, pero a veces necesitamos un pequeño empujón de la persona correcta para animarnos a armar las valijas. En este post de Patagonia Más, te compartimos una historia real y súper inspiradora: una escapada de tres días donde la magia del sur argentino demostró que nunca es tarde para vivir nuevas experiencias. Prepará el mate y descubrí este itinerario lleno de emociones, tips para moverte en transporte público y el relato de mi primera vez en la nieve a los 50 años.
Y así surgió la aventura…
Un día, sentado junto a mi pareja, me dice: “¿Nos vamos a Bariloche?”. A lo que le respondo que era imposible. El trabajo y mis obligaciones lo hacían inviable. Entonces me responde: “Cuando vos me decís de bajar un cambio, de disfrutar más de lo que tenemos, de vivir un poco la vida… son tres días nada más. Canjeamos las millas, tenemos parte de los vuelos y hoteles, ¿por qué no disfrutamos y hacemos esa escapada?”.
Me dejó pensando. Tengo 50 años y nunca había tocado la nieve. Así que al otro día la miré y le dije: “Dale, planeemos el viaje, nos vamos”. Mi pareja no podía creerlo, me dio un abrazo inmenso y así empezamos a organizarlo todo.

Sacamos los vuelos por Aerolíneas Argentinas y empezamos a buscar dónde parar. Los precios se nos escapaban un poco hasta que encontramos un lugar hermoso: la Hostería La Pastorella. Reservamos y, como todo viaje comienza desde que se empieza a planear, nos la pasamos viendo opciones sobre qué hacer en nuestros dos días completos en la ciudad.
Día 1: El contraste, el chocolate y la llegada al sur
Un jueves, mi amigo Ariel pasó a buscarme a las 6:00 am y nos dejó en Aeroparque. Como teníamos tiempo, fuimos a conocer el VIP del aeropuerto. ¡Nunca había entrado y quedé totalmente sorprendido! Había de todo: medialunas, sándwiches tostados, tortas, mousse, bebidas y café en diversas intensidades. Fue muy lindo charlar ahí viendo cómo salían los aviones hasta la hora de abordar.
El vuelo despegó a horario. Salimos de Buenos Aires con 20 grados y llegamos a Bariloche con una sensación térmica de 3 grados.
💡 Tip de viajero Patagonia Más: Cuando viajen a Bariloche, no te olvides de llevar cargada la tarjeta SUBE. Con ella se pueden mover para todos lados en micro de línea (colectivo) sin necesidad de gastar una fortuna en traslados privados o excursiones.
Al bajar en el aeropuerto, otra opción muy “piola” son las combis. Como estábamos con valijas, nos llevaron directo al centro (cobran unos $9.000 por persona). Llegamos a la hostería y me llevé la mejor de las impresiones: un lugar hermoso donde te reciben amablemente, con un desayunador que tiene agua caliente todo el día para el mate y habitaciones súper calefaccionadas.




Eran casi las 14 hs, así que decidimos caminar e ir a conocer el Museo Havanna. Quedé impactado al llegar al Centro Cívico y ver desde ahí un paisaje tan imponente que quedará grabado en mí para siempre.
Caminando desde el centro llegamos al museo. Te cobran una entrada de $8.000, pero el valor te lo descuentan si comprás algo en la tienda al finalizar. No quiero hacer spoilers sobre la historia del chocolate, solo les digo que vayan: es hermosa y se aprende mucho. Durante la visita tomé mi primer chocolate caliente y… ¡guau! Un sabor único, una caricia al alma. Con el descuento de la entrada, nos llevamos un chocolate en polvo para taza a mitad de precio. ¡Una gran experiencia!
Comenzó a llover, y la lluvia fue nuestra compañera el resto del viaje (jaja). A la noche nos recomendaron ir a comer a Costa 82. El lugar es muy bonito, pero como está sobre el lago, mi consejo es ir a almorzar para poder disfrutar de la vista de día.
Día 2: Cerro Catedral y el sueño de mi primera vez en la nieve
Por la mañana llegaba a Bariloche Mica, una amiga de mi pareja que tampoco conocía la nieve. Desayunamos riquísimo en la hostería (variedad de facturas, pastafrola, alfajores de maicena, cereales y mi clásico de vacaciones: tomar todo con mucha calma y dos cafés con leche).
Nos encontramos con Mica y tomamos un colectivo de línea hacia el Cerro Catedral. Un dato importante: nosotros habíamos comprado ropa de nieve antes de viajar, pero en el centro de Bariloche se puede alquilar por unos $20.000 el día (dejás el DNI y te lo reintegran al devolver los equipos por la tarde).
Como llovía y no íbamos a esquiar, sacamos el pase de ascenso en teleférico ($90.000, un solo pago con tarjeta) que nos llevaba a la primera parada, ya que las zonas más altas estaban cerradas por el clima (tampoco permitían llevar culopatín).




A medida que subíamos en el teleférico, todo se veía completamente nevado. ¡No lo podía creer! Y de repente, como un regalo del cielo, empezó a nevar. Al bajar, vi a muchísima gente jugando y armando muñecos. Salí corriendo de la base a tocar la nieve y volví a ser un niño. Sonreí, jugué, le tiré pelotas de nieve a mi pareja e hice el típico “reloj” (angelito) acostado en el piso. ¡Qué lindo que fue!

Llevamos el equipo de mate y nos sentamos en unos banquitos al costado de un kiosco que hay arriba (siempre conviene llevar algo para picar, ya que los restaurantes de la montaña son más caros). Nos quedamos jugando hasta las 17 hs. Al regresar a la base, fuimos a Mamuschka a tomar mi segundo chocolate caliente del viaje. ¡Riquísimo!
Por la noche, tras una buena ducha caliente, fuimos a cenar al Boliche de Alberto (tienen dos opciones: pastas o carnes). Fuimos al de pastas y me pedí unos ñoquis rellenos increíblemente sabrosos a un precio súper razonable y una excelente atención.
Día 3: Navegación, Isla Victoria y Bosque de Arrayanes
Tras el desayuno, fuimos a tomar el colectivo de línea (el número 20) que va bordeando el lago hasta llegar a Puerto Pañuelo. Nos bajamos en la puerta del icónico Hotel Llao Llao. La vista ahí es simplemente mágica; nos quedamos un buen rato admirando el lugar antes de caminar hacia el puerto.
Sacamos los pasajes en la empresa Cau Cau para hacer la excursión a la Isla Victoria y el Bosque de Arrayanes (duración: unas 6 horas, costo: $140.000 en cuotas sin interés, más $30.000 de ingreso al Parque Nacional y tasa de embarque que se pagan en el lugar).
Subimos al catamarán y partimos. Navegar por ese lago es hermoso: tomamos mates, sacamos fotos y charlamos mientras el guía, un genio, nos iba contando todo. Llegamos a la Isla Victoria, donde bajamos y caminamos unas 3 horas. No les voy a contar las historias del lugar para que se sorprendan cuando vayan, pero vale cada minuto. Hay restaurante, pero nosotros llevamos sándwiches y comimos frente al lago, con una vista que no me voy a olvidar jamás.


Continuamos navegando hasta el Bosque de Arrayanes. Recorrimos las pasarelas por nuestra cuenta, respirando ese aire tan puro entre árboles únicos en el mundo. El regreso en el barco fue una fiesta: sorteaban premios con las fotos que el fotógrafo tomaba durante el día. En un momento frenó la pantalla, apareció una foto de mi pareja y su amiga en la proa, ¡y nos ganamos unas empanadas con gaseosa para el viaje de vuelta!
Día 4: El final del viaje
Nos levantamos, desayunamos e hicimos las maletas. Como el vuelo salía a las 16 hs, dejamos el equipaje en el luggage room de la hostería y nos fuimos a caminar. Entramos a la Catedral para admirar su belleza, recorrimos la costanera, vimos el monumento a los Caídos en Malvinas y nos sacamos la infaltable foto en el cartel de Bariloche.
Nos sentamos a tomar los últimos mates frente al lago, en silencio, guardando ese momento atesorado para siempre en nuestras memorias, antes de tomar el auto al aeropuerto y regresar a Buenos Aires.
🌲 Una reflexión para tu próximo viaje
Pensar que en el primer instante mi respuesta fue un rotundo “no”. Pensar en todo lo que me hubiera perdido si dejaba que la rutina ganara. Viajar a la Patagonia no es solo ver paisajes de postal; es reconectar con uno mismo, es volver a jugar como un niño, es animarse a tocar la nieve por primera vez sin importar la edad que marque el documento.
Si estás dudando en hacer ese viaje, tomarte esos días o gastar esos ahorros… desde Patagonia Más te damos el mismo consejo que recibió nuestro protagonista: bajá un cambio, viví un poco la vida, son solo unos días. Bariloche y el sur argentino siempre te van a estar esperando con los brazos abiertos (¡y con un buen chocolate caliente!).
Por Gabriel Perrotta – Autor de Viaje a los Glaciares
¿Y vos? ¿A qué edad conociste la nieve o cuál es ese destino de la Patagonia que todavía tenés pendiente? ¡Contanos en los comentarios!










Interesante nota muy divertida y con mucha información 😉🥰